Sobre mí

Fui policía seis años.
Llegué al millón.
Y entonces todo dejó de tener sentido.

Esta es la historia de alguien que lo entendía todo pero no podía sentir nada, y de lo que pasó cuando eso dejó de funcionar.

No soy el que lo tiene resuelto. Soy el que documenta en tiempo real lo que cuesta resolverlo.

Nacho Muñoz

44 años. Todavía aprendiendo a no salir corriendo.

Lo que registra el calendario desde 2023

Esto no es una página de credenciales. Es lo que hay en el calendario en los últimos tres años. Lo de antes no está registrado.

+1.400h

de trabajo interior registradas en 4 años. Solo lo que el calendario captura.

132

sesiones con el mismo coach, sin interrupción, en 3 años.

17 días

en oscuridad total. 3 dark retreats en 3 países distintos.

27 días

en retiros Vipassana. 3 retiros, el primero de 12 días seguidos.

+65

sesiones de terapia individual con la misma terapeuta Gestalt.

6 meses

de celibato voluntario para aprender a estar solo.

1981

Nací con un padre ausente y aprendí que el amor llega y se va.

Mi padre no estaba. No sé exactamente cómo lo procesé porque tenía cuatro años, cinco, seis, y los niños no procesan —acumulan. Me convertí en el hombre de la casa sin que nadie me lo pidiera. El sostén emocional de mi madre. Y cuando mi padre volvió, a mis siete años, algo se rompió por dentro sin hacer ruido: de necesario pasé a ser uno más. Mi cuerpo registró eso como abandono y tardé treinta años en entenderlo.

1990s

Repetí tercero de la ESO. No era un mal chico: era un chico que no encontraba su lugar.

El sistema decía que era un fracaso y yo, que no tenía más herramientas que las que me habían dado, lo creí. Pero lo que pasaba no era falta de inteligencia. Era falta de suelo. Cuando no sabes dónde encajas, es difícil concentrarte en algo tan abstracto como aprobar un examen.

1999–2006

Quería ser bombero. Me preparé años. No lo conseguí.

No es que no lo intentara. Es que lo intenté mucho tiempo, mientras trabajaba en lo que fuera para ir tirando. Preparar oposiciones es una forma extraña de creer en ti mismo: te levantas cada día para un futuro que quizá no llegue. Cuando se cerró esa puerta, tuve que abrir otra, y no estaba seguro de querer lo que había detrás.

2006

A los 25 aprobé las oposiciones de policía. En la foto de graduación no estoy alegre.

Puedo verlo en la imagen: no hay alegría. Era lo que había llegado, no lo que quería. Pero entré. Y los dos primeros años me lo pasé bien, o al menos eso me dije. Aprendí a parecer fuerte. A no mostrar lo que me costaba. El uniforme ayuda mucho con eso: cuando vas con placa, la gente no te pregunta cómo estás.

2008

Perdí 50.000 euros de compañeros en bolsa. Fue el primer derrumbe real.

Empecé a invertir con 25 años y llegó la crisis. Perdí mi dinero y el de compañeros de la policía que habían confiado en mí — cincuenta mil euros. Tuve que vender el coche, pedir préstamos, atravesar una vergüenza que me pesaba en el pecho de un modo físico. Pero ahí pasó algo inesperado: me di cuenta de que no necesitaba saber más sobre bolsa. Necesitaba saber más sobre mí.

2010

Fui al psicólogo. Descubrí el coaching. Algo se rompió dentro, pero para bien.

Me apunté a un máster de coaching en 2010 y eso me cambió la vida de una forma que todavía me cuesta describir. No porque me diera respuestas, sino porque me enseñó a hacer preguntas distintas. Entendí que con las preguntas correctas la gente puede pensar más grande, puede ser algo diferente a lo que siempre creyó que era. Y empecé a aplicarlo, primero conmigo, luego con otros.

2011

El 31 de enero fue mi último día como policía. Lo dejé.

No fue una decisión dramática. Fue la consecuencia lógica de haber entendido que estaba en el lugar equivocado. Hay un alivio raro en dejar algo que no es tuyo, aunque no sepas muy bien qué viene después. El miedo y la liberación conviven de una forma muy incómoda, y yo los tuve los dos al mismo tiempo durante meses.

2012–2017

Hipnosis rápida, teatros llenos, un DVD de formación. Iba encontrando mi camino.

Después del coaching llegó la PNL y después la hipnosis. Hice espectáculos en teatros con hasta 1.300 personas, en bares, en empresas, en eventos. Creé un DVD de formación sobre hipnosis rápida que vendí durante años. Entre 2012 y 2017 estuve con distintos proyectos: hablar en público, hipnosis conversacional, sesiones para dejar de fumar. Cada cosa era una pista de quién quería ser.

2016–2017

Me casé. Nació Oliver. Era feliz en el papel.

En 2016 me casé y en 2017 nació Oliver. En ese momento yo estaba trabajando con proyectos que me apasionaban y todo tenía una forma que se parecía mucho a lo que se supone que debería querer. Pero hay una diferencia entre tener lo que quieres y querer lo que tienes, y yo todavía no la había aprendido.

2018–2020

Abrí oficinas. Llegué a mi primer millón. Y algo dentro no terminaba de encajar.

Empresa física en Málaga, equipo, local. El primer millón llegó y recuerdo que era un momentazo, pero también que no era exactamente lo que siempre había soñado. Había llegado a algo que quería y al mismo tiempo sentía que algo faltaba. Escribí Abundancia subconsciente sobre cómo había superado mis patrones con el dinero. Pero los patrones de dentro todavía estaban ahí.

2020

Cerré la empresa. Fui yo. Porque ya no era lo que quería.

Lo que estaba haciendo ya no me llenaba y tomé la decisión de cerrarlo. Fue mía. Me quedé con algo que no supe identificar hasta después: la sensación de que había estado corriendo hacia algo que, cuando por fin llegué, no estaba ahí. Ese vacío tiene una textura muy concreta. Se instala en el pecho y no te deja respirar del todo.

2021

Compré la casa de mis sueños. Tenía todo. No sentía nada.

Justo después de la pandemia abrí Fórmula Info, un proyecto nuevo con mucha energía. Empecé a vestirme diferente, como un rock star. La gente me paraba por la calle. Compré la casa de mis sueños. Y llegué a los cuarenta años con la casa, el dinero, el reconocimiento, y la sensación de que nada de eso llenaba el agujero que llevaba dentro desde niño. Era mi crisis de los cuarenta, completa y sin anestesia.

2021–2022

Vi el documental Psychedelics Revealed. Estaba tan desesperado que dije: lo voy a hacer.

Emprendedores que yo conocía hablando de terapia psicodélica — ayahuasca, bufo, MDMA. Me inspiró porque yo sentía que lo que me pasaba no era una crisis de coaching. Era algo más espiritual. Fui a hacer ayahuasca con mucho miedo y mucho escepticismo. Me costó mucho soltar el control, pero en una de las ceremonias entré. Fue transformador. Después vinieron más sesiones, y en una de ellas me hicieron respirar de una forma parecida a la respiración holotrópica. La respiración me atrapó. Durante un año y medio hice cientos de sesiones.

2022

Tres retiros Vipassana. Siete días de oscuridad total. El cuerpo sabe lo que la mente no quiere ver.

A través de la respiración llegué a mi primer retiro Vipassana y me enfrenté a mi mayor neurosis: no podía estar conmigo mismo. Ese año hice tres retiros seguidos y después un retiro de oscuridad de siete días — sin luz, sin pantallas, sin nada. En la oscuridad vi mucho. No sé cómo explicarlo de otro modo. Y al salir algo se había acomodado de una manera diferente.

2023

El máster de Gestalt. Por primera vez en mi vida, alumno de verdad trabajando en mí.

Me apunté a terapia Gestalt y empecé un máster. Llevo ya tres años en él. Era la primera vez que entraba en algo así no como formador sino como paciente, sin saber lo que iba a encontrar. La Gestalt no te deja escapar hacia las explicaciones. Cada vez que intentaba entender en vez de sentir, el terapeuta me devolvía al cuerpo. Y el cuerpo siempre tenía algo que decir.

Marzo 2024

Me divorcié. Lo había intentado todo. Sentí que era el momento.

Tomé la decisión. No fue fácil y no fue limpia, como no son limpias las cosas que duelen de verdad. Justo después fui al SAT — Seekers After Truth, de Claudio Naranjo — donde empecé a conocer mi carácter en profundidad. Y al Proceso Hoffman: siete días trabajando con mis padres, con lo que me dieron y con lo que no. Cosas que pensaba que ya había resuelto y que seguían instaladas en el pecho.

2024

Una nueva relación. Las heridas que no sabía que tenía. Los 12 pasos.

Al mes y medio de separarme entré en una nueva relación. Diez meses. Aprendí muchísimo, fue desafiante y bonita al mismo tiempo, pero era demasiado pronto y me despertó heridas que creía que no tenía. Cuando la dejé me di cuenta de algo: tenía una adicción al amor. Como hay alcohólicos anónimos, hay adictos al amor anónimos — SLAA. Empecé los doce pasos. Y ahí seguí.

2025

Seis meses solo. Los 12 pasos completados. Y por fin algo que se sentía como libertad.

Seis meses sin actividad sexual, sin ligar, sin estar con nadie. Un voto que me hice a mí mismo para aprender a estar conmigo. Terminar los doce pasos fue una conexión con la espiritualidad completamente diferente a todo lo anterior. Me sentí libre de una forma que no recordaba haber sentido. Y desde esa libertad escribí La Trampa de la Hiperlucidez — porque me di cuenta de algo que había tardado años en ver: antes lo entendía todo, pero no sentía nada.

Ahora mismo

Tercer año de Gestalt. Clases de guitarra y canto.
Contact improv.
Y cada domingo, un ensayo sobre lo que me pasa.

Oliver tiene 9 años y es mi razón más concreta para romper la cadena. Este verano haré el SAT 2. Los doce pasos completados. La Trampa de la Hiperlucidez publicada. No sé cómo termina esto — solo sé que ya no puedo parar de sentirlo.

No soy el terapeuta que lo tiene resuelto. Soy el tipo que lleva décadas metiéndose en el barro para contarlo en tiempo real.

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Un ensayo sobre lo que estoy procesando esa semana. Sin respuestas limpias. Sin saber todavía cómo termina.

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